Santos y autores

Hermano Lorenzo de la Resurrección

El hermano Lorenzo de la Resurrección nació como Nicolas Herman hacia 1614 en Hériménil, en el ducado de Lorena, en el seno de una familia pobre. De joven sirvió como soldado en la Guerra de los Treinta Años y quedó herido, cojo para el resto de su vida. Él mismo situaba su conversión a los dieciocho años, cuando, al contemplar un árbol desnudo en pleno invierno y caer en la cuenta de que Dios volvería a vestirlo a su tiempo de hojas y de frutos, quedó tan impresionado por la providencia divina que nunca se repuso de aquella impresión. Tras un tiempo como criado, en el que, según él mismo contaba, era tan torpe que lo rompía todo, entró hacia 1640 como hermano lego en el convento de los carmelitas descalzos de París y tomó el nombre de Lorenzo de la Resurrección. Pasó allí casi cincuenta años, la mayor parte en la cocina del convento y, en sus últimos años, remendando las sandalias de sus hermanos. Murió en París el 12 de febrero de 1691.

No escribió ningún libro. De él se conservan unas pocas cartas, unas breves máximas espirituales y el relato de cuatro conversaciones recogidas por Joseph de Beaufort, sacerdote de la archidiócesis de París que lo visitó en sus últimos años y publicó ese material poco después de su muerte; reunidas, esas pocas páginas forman el pequeño clásico conocido como La práctica de la presencia de Dios. Su enseñanza es de una sencillez desarmante: el alma puede vivir en trato amoroso y continuo con Dios en medio del trabajo más humilde, de modo que, como él decía, poseía a Dios con la misma paz entre el ruido de sus cacerolas que arrodillado ante el Santísimo Sacramento. El hermano Lorenzo nunca ha sido canonizado ni beatificado, y la Iglesia no le rinde culto litúrgico alguno; se le recuerda sencillamente como un hermano lego carmelita cuyas pocas páginas llevan más de tres siglos siendo leídas y amadas, tanto por católicos como por protestantes.

Citas escogidas

“El tiempo del trabajo no se diferencia para mí del tiempo de la oración: en medio del ruido y del bullicio de mi cocina, mientras varios me piden cosas distintas a la vez, poseo a Dios con la misma paz que si estuviera de rodillas ante el Santísimo Sacramento.”
— Hermano Lorenzo, La práctica de la presencia de Dios
“No debemos cansarnos de hacer cosas pequeñas por amor de Dios, que no mira la grandeza de la obra, sino el amor con que se hace.”
— Hermano Lorenzo, La práctica de la presencia de Dios