Santa Inés de Montepulciano
Santa Inés de Montepulciano nació hacia el año 1268 en Gracciano, cerca de Montepulciano, en la Toscana, Italia, y entró en la vida religiosa siendo aún una niña, tan notable por su piedad y gravedad que, según su vida, fue nombrada superiora de un convento siendo todavía muy joven, por dispensa especial. Más tarde fundó un monasterio en Montepulciano, que puso bajo la Regla de Santo Domingo, convirtiéndose en su priora.
Renombrada por su vida de severa austeridad, subsistiendo por largos períodos solo con pan y agua y durmiendo sobre el suelo, fue sobre todo una mujer de profunda oración y de gran devoción al Santísimo Sacramento y al Niño Jesús. Se le atribuyeron numerosas gracias místicas y milagros durante su vida y después de su muerte, y su cuerpo fue hallado incorrupto. Fue muy venerada por Santa Catalina de Siena, que peregrinó hasta su tumba. Murió en Montepulciano el 20 de abril de 1317 y fue canonizada en 1726. Su memoria se celebra el 20 de abril.
Crucis