Santa Anastasia de Sirmio
Santa Anastasia de Sirmio (m. c. 304) fue una mártir de los primeros tiempos, venerada desde la antigüedad, que según la tradición padeció durante la persecución de Diocleciano. Relatos posteriores, en gran parte legendarios, la describen como una noble romana que se dedicó a consolar y socorrer a los cristianos y confesores encarcelados, y que, negándose a sacrificar a los dioses, fue ella misma condenada a muerte por la fe —según la tradición, quemada o decapitada— en Sirmio, en los Balcanes (en la actual Serbia).
Su veneración se extendió desde Sirmio hasta Constantinopla y hasta Roma, donde se le dedicó una iglesia en el Palatino. A causa de esa iglesia, y por una larga tradición, el papa celebraba la segunda misa de Navidad —la misa del alba— en su basílica titular, y así su nombre llegó a conmemorarse el día de Navidad; es una de las mártires nombradas en el Canon Romano de la Misa. Honrada tanto en Oriente como en Occidente, es recordada como una mujer que sirvió a los perseguidos y compartió su corona.
Crucis