San Apolo
San Apolo fue un monje egipcio del siglo IV que, según los antiguos relatos de los padres del desierto, se retiró siendo joven al desierto de la Tebaida, en el Alto Egipto, y pasó unos cuarenta años como ermitaño en oración, ayuno y severa penitencia, antes de que Dios lo llamara a una labor más amplia.
En sus últimos años, hacia los ochenta de edad, reunió y gobernó una gran comunidad monástica en la Tebaida, que se dice llegó a contar muchos cientos de monjes. Su comunidad era célebre entre los visitantes que registraron las vidas de los monjes del desierto por su espíritu de alegría, mansedumbre y caridad: Apolo enseñaba que los siervos de Dios no debían estar tristes ni abatidos, ya que ellos, más que nadie, tienen la más segura razón para el gozo en la esperanza de la salvación, y sus monjes eran conocidos por sus rostros alegres y su amor mutuo. Célebre por su sabiduría, sus milagros y el discernimiento de espíritus, murió hacia finales del siglo IV y es venerado como santo.
Crucis