Santa Rufina
Santa Rufina fue, según la antigua tradición romana, una de dos hermanas —Rufina y Segunda— hijas de una distinguida familia romana que fueron martirizadas por la fe durante la persecución del emperador Valeriano, hacia el año 257. Prometidas a jóvenes nobles paganos, las hermanas rechazaron tanto el matrimonio como cualquier renuncia a Cristo una vez que sus pretendientes abandonaron la fe para escapar de la persecución, prefiriendo la virginidad consagrada y la muerte antes que la apostasía.
Los relatos tradicionales narran que, tras crueles torturas, Rufina fue decapitada junto con su hermana, y que fueron sepultadas en la Vía Cornelia, a las afueras de Roma, donde su memoria fue venerada durante largo tiempo; la antigua diócesis suburbicaria de Silva Cándida llegó a conocerse como Santa Rufina en su honor. Aunque algunos detalles de su pasión pertenecen a la leyenda posterior, el culto antiguo de las dos hermanas mártires está bien atestiguado, y la Iglesia guarda su memoria el 10 de julio.
Crucis