Santa Sinclética
Santa Sinclética nació hacia el año 270 en el seno de una acaudalada familia cristiana en Alejandría, Egipto, y murió hacia el año 350. Hermosa y muy pretendida en matrimonio, ella anhelaba en cambio una vida entregada por completo a Dios. Tras la muerte de sus padres, repartió su considerable fortuna entre los pobres, se cortó el cabello como señal de renuncia, y se retiró junto con su hermana ciega a la soledad para vivir una vida de oración, ayuno y abnegación.
Es honrada entre las «Madres del Desierto» (ammas), las mujeres que, al igual que los más célebres Padres del Desierto, buscaron la santidad en los desiertos de Egipto. Discípulas se reunían para buscar su consejo, y sus dichos sobre la humildad, la perseverancia en la tentación y el combate espiritual del alma se conservan entre la sabiduría del desierto. En sus últimos años soportó una enfermedad larga y dolorosísima con paciencia heroica, y es venerada como santa y maestra de la vida interior.
Citas escogidas
“La guerra contra las pasiones es más feroz que cualquiera librada contra los hombres; elige tus batallas en el interior.”
“Guárdate de los comienzos de la tentación, pues la pequeña chispa, descuidada, se vuelve un fuego devorador.”
“Las riquezas guardadas para uno mismo son fuego; dadas a los pobres, se convierten en un tesoro que ninguna llama puede alcanzar.”
Crucis