San Jerónimo
San Jerónimo nació con el nombre de Eusebio Jerónimo hacia el año 342 en Estridón, en la frontera entre Dalmacia y Panonia, y murió el 30 de septiembre de 420 en Belén. Educado en Roma, donde también fue bautizado, viajó extensamente, vivió como ermitaño en el desierto de Siria y llegó a dominar el griego y el hebreo además del latín —un logro poco común que lo convirtió en el más grande erudito bíblico de la Iglesia primitiva. Durante un tiempo sirvió como secretario del papa Dámaso I, quien le encargó revisar las traducciones latinas de las Escrituras.
Establecido finalmente en un monasterio cerca del lugar de nacimiento de Cristo en Belén, dedicó décadas a traducir la Biblia del hebreo y el griego originales al latín, produciendo la versión conocida como la Vulgata, que se convirtió en el texto normativo de la Iglesia durante más de mil años. Célebre por su carácter irascible y su franqueza en las controversias, pero también profundamente penitente y ascético, suele representarse con un león y una calavera. Es honrado como Doctor de la Iglesia y uno de los cuatro grandes Padres latinos, y es patrono de los biblistas y traductores.
Citas escogidas
“No temas el reproche de los hombres cuando digas la verdad, porque la verdad sobrevivirá tanto al reproche como a quienes lo hicieron.”
“El ayuno es el alimento del alma: debilita la carne para que el espíritu se fortalezca y la mente se vuelva con claridad hacia Dios.”
“La ignorancia de la Escritura es ignorancia de Cristo: abre las páginas sagradas y lo encontrarás en cada línea.”
Crucis