Santa María Egipciaca
Santa María Egipciaca vivió en los siglos IV y V, y según su antigua vida murió hacia el año 421 en el desierto más allá del Jordán. Siendo joven abandonó su hogar y marchó a Alejandría, donde durante unos diecisiete años se entregó a una vida de lujuria y disipación. Uniéndose a una multitud de peregrinos que se dirigían a Jerusalén, continuó en sus costumbres hasta que, en la iglesia del Santo Sepulcro, se encontró misteriosamente incapaz de entrar para venerar la Vera Cruz, y, tocada en el corazón, lloró, se arrepintió y suplicó la ayuda de la Virgen María.
Al escuchar un llamado interior a cruzar el Jordán, se retiró al desierto y vivió allí en penitencia solitaria durante unos cuarenta y siete años, luchando contra sus recuerdos y pasiones hasta alcanzar una gran santidad. Su historia fue conservada por el monje Zósimas, quien la encontró cerca del final de su vida y le llevó la Sagrada Comunión. Venerada en toda la Iglesia, especialmente en Oriente, donde se la recuerda durante la Cuaresma, permanece como uno de los grandes íconos del cristianismo sobre el arrepentimiento y la misericordia infinita de Dios.
Citas escogidas
“Arrójate por entero a la misericordia de Dios, y hallarás una fuerza que no es tuya.”
“Aférrate a Aquel que te buscó, y ningún desierto de esta vida será demasiado largo para atravesar.”
“Por más lejos que hayas vagado, el camino de regreso nunca se cierra mientras quede aliento.”
Crucis