Santos y autores

El Papa San Silvestre I

El papa San Silvestre I (reinó 314–335) fue romano y guio a la Iglesia en uno de los grandes puntos de inflexión de su historia: su largo pontificado siguió de cerca al Edicto de Milán del año 313, por el cual el emperador Constantino concedió paz y tolerancia a los cristianos tras la era de las persecuciones. Bajo Silvestre la Iglesia emergió a la vida pública, y Roma vio surgir las primeras grandes basílicas —la de Letrán, entregada por Constantino como catedral de Roma, y la primitiva basílica de San Pedro, sobre la tumba del Apóstol.

Su pontificado abarcó también el Primer Concilio Ecuménico de Nicea, en el 325, que condenó el arrianismo y definió la divinidad de Cristo; el anciano papa no asistió en persona, sino que fue representado por legados. Épocas posteriores lo rodearon de numerosas leyendas —como su supuesto bautismo de Constantino y la ficticia "Donación de Constantino"— que los historiadores reconocen como carentes de fundamento histórico, pero su lugar como el papa del amanecer de la libertad de la Iglesia está bien asentado. Murió en 335, uno de los primeros santos no mártires honrados públicamente, y su fiesta se celebra el 31 de diciembre.